miércoles, 14 de febrero de 2018

Tiempo de conversión

Hoy es 14 de febrero, día de San Valentín, donde los enamorados parecen obligados a celebrar su amor, como si no pudiese celebrarse todos los días.

En este 2018 ha coincidido con el miércoles de ceniza, que también se celebra hoy. Las palabras del sacerdote al imponer la ceniza “"Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás" nos recuerda nuestra finitud, nuestra cierta muerte aunque no sepamos cuándo.


Aun así vivimos como si fuésemos inmortales, dejando lo importante para más adelante… ¡Cuándo acabe mis estudios! ¡Cuándo los niños crezcan! ¡Cuándo me jubile!...

Y cómo somos mortales, no hace falta esperar al próximo 14 de febrero para celebrar el amor, lo podemos celebrar cualquier día. No hace falta esperar para tantas cosas que dejamos para luego, cómo si fuésemos inmortales, para ese tiempo futuro dónde estaremos liberados, ese tiempo que nunca llega.

Muerte y vida están unidas, la conciencia de la muerte nos ayuda a vivir la vida con mayor plenitud. Cada momento es un regalo, por eso lo llaman presente; cada día, 1.440 minutos nuevos, que podemos vivir con plenitud.

La ceniza también simboliza morir a lo viejo, a lo que queremos dejar atrás, para nacer a lo nuevo, lo que queremos incorporar en nuestra vida. Igual que podamos para que los nuevos brotes puedan salir con más fuerza.

Desde el miércoles de ceniza tenemos 40 días de cuaresma hasta la Pascua, la resurrección. Los cambios no son instantáneos, los brotes no crecen según podamos, hay que dar tiempo para que lo nuevo se desarrolle, debemos dar espacio y cuidar la semilla.

El nacer a lo nuevo, el crear nuevos hábitos, nuevas formas de vivir, requiere paciencia y cuidado, regar la semilla. No podemos tirar de la planta para que nazca más rápido, la arrancaríamos, debemos cultivarla con constancia y dejar que también el tiempo haga su trabajo.

Te invito a que escribas en un papel lo que quieres dejar atrás y lo quemes (la ceremonia del fuego)… Con el tiempo puedes crear el espacio para lo nuevo que quieres o quieras en tu vida.

viernes, 5 de mayo de 2017

Cómo prepararnos para el futuro

Si te atrae el título es que de vez en cuando piensas en el futuro, tanto en las cosas que harás, cómo en las cosas que podrás hacer, como en su falta de previsibilidad y si tienes hijos puede que estés preocupado más por su futuro que por el tuyo, al fin y al cabo si tienes una cierta edad te puedes ver hasta medio encaminado.

En cualquier caso la vida nos puede cambiar en un instante, podemos pensar que tenemos el trabajo para toda la vida y de repente, cuando tenemos cuarenta o cincuenta años cierra la empresa, así sin esperarlo, sin tiempo para hacernos a la idea, o pueden pasar otras muchas cosas.

Hacer una previsión a más de cinco años se hace muy complicado, es como prever el tiempo para la semana que viene o más difícil, para el mes que viene, podemos tener una aproximación, aunque esa aproximación-previsión puede cambiar en cualquier momento.

Ayer estuve escuchando en Burgos (http://www.teamingday.es/) a Julia de Miguel (@judimat) y a Gregorio Luri (@GregorioLuri) hablando sobre educación, sobre padres, profesores, hijos y alumnos. Ambos compartieron una idea: es difícil, casi imposible, saber que nos depara el futuro y que les depara a los más pequeños (nuestros hijos o alumnos).
El trabajo del futuro (en Youtube) - ¿Estás preparado?
Por otra parte y cómo para compensar este desconocimiento, tampoco las cosas importantes han cambiado tanto, parece que es valioso educar en confianza, cariño, amor, autonomía, dejar que aprendan, poder probar (acertar y equivocarse), motivar y facilitar automotivación.

La preocupación (pre-ocupación; ocuparse por anticipado) por el futuro nos trae ansiedad sobre todo lo que queremos hacer, lo que tenemos que saber y lo que podría pasar. Y esta preocupación es mayor si pensamos que no podemos prever el futuro.

Si miramos al pasado en los últimos años han desaparecido muchas ocupaciones, otras han cambiado y han aparecido otras muchas. Hace 20 años casi nadie utilizaba un móvil y los universitarios de hoy ya no recuerdan cómo era eso de no tener móvil. Si algo es seguro es que el mundo cambia, aunque se mantiene la esencia, una aproximación al mundo líquido frente al sólido del que hablaba Bauman.

Qué tal confiar, ir caminando y saber que se hace camino al andar, que según avancemos iremos viendo el próximo paso, crear una planificación flexible que nos permita adaptarnos, cambiar si es que queremos y disfrutar del camino, que es lo que tenemos aquí y ahora.

Una pregunta que se hacen los niños ¿Por qué los adultos siempre tienen prisa? Puede ser cierto que vamos demasiado rápido a ninguna parte y mientras tanto nos perdemos el camino.


Julia de Miguel (@judimat) compartió un vídeo de Forrest Gump sobre la vida comparada con una caja de bombones, te dejo otro con la misma idea, son 33 segundos ¿Qué nos va a traer la vida? No lo sabemos, disfrutemos del camino y del bombón que nos ha tocado.

lunes, 17 de abril de 2017

Tiempo para conversar

Estamos en la sociedad de la prisa, todo se hace deprisa, parece que el tiempo es escaso y no da para hacer todo lo que queremos o todo lo que se nos ofrece y se nos presenta como apetecible.

Tanto correr recorremos caminos sin darnos cuenta de por donde hemos pasado y si nos preguntan que hemos hecho esta mañana apenas nos acordamos.

Prima la cantidad frente a la calidad e incluso en vacaciones nos estresamos por la cantidad de cosas que queremos-tenemos que hacer, a no ser que alguien sensato nos diga: “No nos vamos a estresar, que estamos de vacaciones”.

Esta misma enfermedad se extiende a nuestra comunicación, después de hablar con alguien apenas recordamos lo comentado, defecto de escucha. Mantenemos conversaciones de forma compulsiva y es rara la conversación pausada, que nos permita escuchar lo que se dice, cómo se dice y los gestos que lo acompañan.

En general puedo estar de acuerdo que centrarse en un objetivo puede ser productivo, aunque si nos centramos demasiado perdemos todo lo que pasa alrededor. Si mantenemos una reunión con poco tiempo conseguiremos intercambiar opiniones sobre la mayoría de las cosas relevantes y conocidas, aunque sin un tiempo de reflexión e intercambio creativo perderemos opiniones, opciones, oportunidades y aportaciones interesantes.

Estas vacaciones he podido disfrutar de conversaciones significativas, sin preocupación por el tiempo del reloj (cronos), dando el tiempo adecuado para la experiencia (kairos) y es algo que no sólo se debe quedar en las vacaciones, aunque parece que ahí tenemos más tiempo, los días siguen teniendo 24 horas y podemos reservar tiempo para lo importante.
Recordemos conversar como cuando éramos niños, cuando no había prisa, cuando el tiempo no importaba. Los niños siguen sin preocuparse demasiado del tiempo a no ser que se lo recordemos, simplemente lo ocupan sin preocuparse.

Esas conversaciones sin interrupciones, sin los móviles sonando, que son cómo sin tiempo, algunas veces profundas y otras veces ligeras, conversaciones de estar presentes, de generar relación e intimidad, esas conversaciones que no debemos perdernos con gente importante: los amigos, con los padres, con los hijos, con la pareja y que ahora también podemos disfrutar con compañeros de trabajo.

Algunos pueden ver las conversaciones como pérdida de tiempo a pesar del valor que tienen en sí mismas, en el propio disfrute de la experiencia, para los más  escépticos diré que también son una gran fuente de confianza, que junto con la comunicación honesta son el aceite que engrasa las relaciones. Con confianza todo se puede hacer más rápido y sobre todo más a gusto.

Por mi parte esta semana he disfrutado de grandes conversaciones y es algo que voy a seguir haciendo ¿te animas a conversar? (mejor con el móvil lejos si es que no puedes aguantarte sin mirarlo).